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martes, 5 de junio de 2007

buena suerte, mala suerte...

Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: -¿Mala suerte?, ¿Buena suerte?, ¿Quién sabe?. Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: -¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: -¿Mala suerte?, ¿Buena suerte?, ¿Quién sabe?. Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron: -tranquilo.

Tomado del libro "Sadhana, un camino de oración", del místico y sacerdote católico Anthony de Mello (1931-1987).

sábado, 12 de mayo de 2007

infierno y cielo

No recuerdo de quién era, siento el olvido...

Contaba que el infierno era un lugar donde había una mesa servida con todo tipo de alimentos al alcance de la gente, pero éstos debían comerse con palillos y los palillos eran muy largos, con lo que era imposible llevarse la comida a la boca, ese era el sufrimiento.
Y contaba que el cielo era un lugar también con una mesa servida, y que la gente también debía comer con palillos y los palillos eran muy largos, y era imposible que uno se llevase la comida a la boca, igual que en el infierno, pero a diferencia de éste, en el cielo la gente se alimentaba dándose de comer unos a otros.